CUYO

La Región de Cuyo

La Región de Cuyo se ubica en el oeste de Argentina e incluye las provincias de Mendoza, San Juan y San Luis; en ciertos contextos también se considera parte de La Rioja. Limita al oeste con Chile, a través de la Cordillera de los Andes; al norte y noreste con la región del Noroeste argentino, al este con la Región Pampeana, y al sur con la Región Patagónica. Su posición geográfica le otorga paisajes principalmente montañosos y un clima seco, con baja humedad.

Sobre las condiciones físico-naturales principales

Relieve

El relieve de Cuyo está dominado por la Cordillera de los Andes, que recorre toda la zona oeste de la región. Esta cordillera se formó por el proceso de subducción de la placa de Nazca bajo la placa Sudamericana, lo que generó un intenso plegamiento y levantamiento de materiales. Por eso, la Cordillera de los Andes constituye una de las zonas más altas del continente, con cumbres que superan los 6.000 metros de altitud. Entre ellas se destaca el Cerro Aconcagua, con 6.959 metros, el pico más alto de América. Hacia el este aparecen las Precordilleras y las Sierras Pampeanas, que presentan menores alturas pero conservan formas abruptas y quebradas. Entre estas elevaciones se abren valles, depresiones y llanuras intermedias donde se ubican las principales ciudades y los oasis agrícolas. Más al este, el relieve se suaviza, dando lugar a amplias planicies áridas o semiáridas con escasa vegetación.

Clima

El clima de Cuyo es predominantemente árido, con precipitaciones escasas y concentradas en verano. Se caracteriza por su gran amplitud térmica, tanto diaria como estacional: los días pueden ser muy calurosos y las noches frías. En las zonas cordilleranas, el clima es frío de montaña, con presencia de nieve y glaciares. Un fenómeno típico es el viento Zonda, cálido y seco, que desciende desde la cordillera hacia los valles, provocando aumentos bruscos de temperatura y disminución de la humedad. Entre los factores modificadores del clima se destacan la altitud, la latitud, la continentalidad (gran distancia del mar) y la presencia de la Cordillera de los Andes, que actúa como una barrera orográfica. Esta barrera impide el paso de los vientos húmedos del Pacífico, generando la llamada Diagonal Árida, una extensa franja seca que atraviesa el oeste y centro de Argentina. La escasez de lluvias, sumada a las altas temperaturas y los fuertes vientos, favorece los procesos de erosión y meteorización de las rocas, modelando el paisaje característico de la región.

Hidrografía

Los ríos de Cuyo nacen en la Cordillera de los Andes a partir del deshielo de las nieves y glaciares. Entre los más importantes se encuentran el río Mendoza, el río Tunuyán, el río Diamante y el río Atuel en Mendoza; el río San Juan y el río Jáchal en San Juan; y el río Quinto en San Luis. Estos cursos de agua son de régimen nival, es decir, su caudal depende directamente de la cantidad de nieve acumulada en invierno. Debido al clima árido, el agua es un recurso escaso y fundamental. Por eso, la región ha desarrollado numerosas obras hidráulicas, como diques, embalses y canales de riego. Estas estructuras permiten almacenar el agua, regular los caudales y distribuirla hacia los oasis donde se concentra la población y la actividad agrícola. Ejemplos importantes son el Dique Potrerillos en Mendoza o el Dique Ullum en San Juan.

Suelos y vegetación

Los suelos de Cuyo son secos, pedregosos y con bajo contenido de materia orgánica. En las zonas sin riego predominan los suelos arenosos y pobres, afectados por la erosión eólica e hídrica. La vegetación natural es escasa y está adaptada a la aridez, con especies como jarillas, retamos, algarrobos, chañares y cactus. En los oasis irrigados, los suelos se vuelven más fértiles y permiten la agricultura intensiva. Allí se desarrollan cultivos de vid (para la producción de vinos), olivos, frutales y hortalizas. Estos espacios irrigados son esenciales para la economía regional y para la vida de las comunidades cuyanas.

Procesos exógenos

En la región de Cuyo, los procesos exógenos (como la erosión, la meteorización y la sedimentación) tienen un papel importante en la modelación del relieve. La acción del viento, el agua y los cambios de temperatura desgasta las rocas, transporta sedimentos y forma valles, quebradas y planicies aluviales. Estos procesos, combinados con la escasa vegetación, hacen que el terreno sea inestable en algunos sectores, especialmente durante lluvias intensas o crecidas repentinas.
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